5 de julio de 2012

En estos días no paro de preguntarme una única cosa. Sólo una.

¿Debería sentirme orgullosa de mí misma? 

Echo la vista hacia atrás y veo que en algunos aspectos he avanzado tanto, y en otros sigo siendo tan temerosa, que esa pregunta me está volviendo loca.
He vencido algunos de mis miedos. Les he plantado cara frente a frente, sin temores, y he conseguido lo imposible. He avanzado en mis estudios hasta donde creía no podría avanzar y a pesar de mis malas decisiones de un principio logré cambiar de vida. Ser una nueva Kimberly.Y dejar que las palabras fluyan por mis dedos a modo de calmante para egos rotos y mentalidades perturbadoras.

Ahora me tomo mi tiempo para tomar todo tipo de decisiones, aunque siempre prevalecerá en mí el corazón a la razón. ¿Pero soy tan nueva? ¿De verdad lo soy? En ocasiones me siento como una chiquilla indefensa, como una niña pequeña que sólo quiere recostarse en el regazo de su abuela y oír que todo se va a solucionar. 
Otras, me siento tan colérica y tan enérgica que no necesito que nadie me lo recuerde, porque lo sé. Me siento tan altiva que el orgullo que tengo debajo de esta piel realmente parece que la traspasa.

Y no hay una media ubicación. Simplemente, no la hay.

Tantos pecados a mis espaldas. Tantos errores cometidos en el pasado que me han pasado ya factura. Tantos muros construidos alrededor de mi alma que han sido derribados, y que tanto temo que vuelva a empezar a construir. Tanto odio. Tanto rencor. Tanto sentimiento herido y tanta soberbia concentrados en metro sesenta. 

Tanto que solucionar y tan poco tiempo como es mi vida entera...


Tanto. Tanto. Tanto.

1 comentario:

cristal00k dijo...

Bienvenida a la vida, darling.

Y un abrazo inmenso.