27 de junio de 2012

Ray Ban gafapasta!

¡El ataque de las rubias teñidas! ¡Es el ataque de las rubias teñidas!

Me temo querido Watson, que pronto tendremos que hablar puto. Así que prepárese, porque la invasión será inminente...

25 de junio de 2012

Presiento que este verano será bastante raro, no sé por qué.
Bueno, al menos lo raro siempre es sinónimo de movimiento. Y quiero teñirme de rubia putón verbenero.

20 de junio de 2012

Ni hace falta que lo leas.

Hace un par de días, escribí muy vagamente que quería irme de viaje. Que me daba igual destino, compañía y horario.

Francamente, llevo pensando en ello desde hace un tiempo. Lo mejor que puedo hacer ahora mismo es poner tierra de por medio, porque tengo claro que las penas del alma son mucho más difíciles de sanar que las del cuerpo.
No escribo esto para que nadie me lea. De hecho, he llegado a un punto en el que escribo para anestesiar. Para librarme de cargas emocionales por las cuales no puedo contar con ayuda externa, básicamente porque nadie consigue dedicarme las palabras exactas que me ayuden a subsanar. Aunque desde pequeña me enseñaron a no ser desagradecida y, precisamente por eso, y a pesar de todo, agradezco todas las palabras de los seres queridos que me importan.

A lo largo de estos meses me he dado cuenta de que empiezo a tener mucha menos paciencia que hará no mucho. No sé si eso es bueno o malo, pero sé que me está pillando desprevenida y no sé cómo acabará. Por una parte, tengo que ser fuerte. Tengo que mostrar mi carácter para que nadie se me suba a las barbas. Sin embargo, por otra parte no quiero que ese carácter me vuelva a dominar. Porque sé que como lo haga, volveré a estar enferma de rabia. Y créanme que ya tuve bastante con estarlo una vez en mi vida.
Ahora que me doy cuenta, creo que precisamente por eso es por lo que me está costando tanto encontrar un equilibrio que me ayude a ser buena persona. Por miedo. Por miedo a volver a ser la de antes, a volver a dañar a mis seres queridos, y a volver a dañarme a mí misma. Pero por otro lado, ¿qué opciones me quedan? Soy demasiado joven, demasiado inexperta en este tema tan complicado que es la vida y necesito a algún faro de Alejandría que me diga que lo que estoy haciendo está bien, más que sea por una milésima de segundo.


Y lo necesito, porque siento que este sentimiento en ocasiones me puede. Porque esto que siento es tan masoquista, que a veces me pregunto si no me sentiré vacía una vez me libre de él. Es el mismo sentimiento masoquista que formó una vez parte de un pasado agridulce con un final digno de la película Casablanca. Y vuelve a ser el mismo sentimiento de un pasado -esta vez no tan lejano- con un final tan surrealista que ni siquiera a día de hoy puedo definirlo.

Aire nuevo. Aire puro. El mar. El sonido de la tranquilidad. Es lo que mi alma necesita. Mi faro de Alejandría.
Hostias hostias hostias hostias hostias hostias.

17 de junio de 2012

Yo quiero. Yo quiero. Yo quiero y puuuuuuuunto.

A la playa. A la montaña. A Miami, Croacia o Francia. Al fin del mundo o al inicio de este mismo. A Noruega o a Tenerife. Al Norte o al Sur. Al Este o al Oeste.

Me da igual a dónde, pero yo este verano quiero viajar.

15 de junio de 2012

Un siniestro juego de escondite.

Apareces. Desapareces. Desapareces. Desapareces. Apareces. Desapareces. Apareces. Desapareces. Desapareces. Desapareces. Apareces. Apareces. Desapareces. Desapareces. Apareces.
Aparezco. Desaparezco. Desaparezco. Aparezco. Aparezco. Desaparezco. Desaparezco. Desaparezco. Desaparezco. Desaparezco. Aparezco. Desaparezco. Aparezco. Aparezco. Aparezco. Desaparezco. Aparezco. Desaparezco. Aparezco. Desaparezco. Aparezco. Desaparezco.

Aparezco. Desapareces. Desaparezco. Apareces. Apareces. Desaparezco. Apareces. Aparezco. Desapareces. Apareces. Aparezco. Apareces.

14 de junio de 2012

Rabia impresa en tinta digital.

Hablemos claro, sin tapujos y con una mala hostia difícil de superar esta noche.

Te odio. Te juro que te odio con todas mis entrañas y con toda la voluntad que una persona puede tener. Te odio hasta tal punto que desde hace tiempo, cuando nuestro Alfa comenzó, estaba dispuesta a buscar mi propia autodestrucción para solamente verte cómo rabiabas. Como me mirabas con esos ojos negros que se convertían en puro fuego cada vez que nos cruzábamos miradas. Te odio hasta tal punto que era verte y podría sentir cómo las venas me iban a reventar del hervor de la sangre.

Pero también tengo clara una cosa. Y es que te quiero. Te quiero, hasta el punto de que era capaz de sacrificar mi felicidad si eso dependía verte a ti feliz. Te quería hasta tal punto de que era capaz de aceptar todos tus traumas y ayudarte a superarlos. A hacer tus responsabilidades mías. A hacerte el amor sólo con un gesto y a follar con la mirada. Por ti iba a entregarte lo más profundo e ímtimo que tengo y que siempre tendré: yo misma. Mi intimidad. Mi ser. Mis pensamientos. Mi voluntad.

Y nos equivocamos. Nos herimos. Nos amamos. Nos separamos. Y juro que no sé si es la esperanza o las ganas de  pegarte las que me están matando por dentro. No sé si debo mantener la esperanza de que algún día nos volvamos a encontrar, o debo desestimarlas y enterrarlas a seis metros bajo tierra. No sé qué hostias hacer y te juro que me estoy cansando de estar así. Y ahora, por tu puta culpa, estoy de una mala hostia que roza en ocasiones la histeria y la enajenación mental.

Por tu puta culpa. Por tu puta culpa. Por tu puta culpa.

11 de junio de 2012

K.

Hay algo tranquilizador en esto de escribir a estas horas, cuando todo el mundo se toma su tiempo para sí mismo y la quietud se apiada por unas horas de nuestra cotidianidad diurna.

Quizá me esté volviendo loca. Quizá los locos sean el resto del mundo. O quizá exista un tanto por ciento de verdad en ambas opciones, pero, mientras tanto, entre carreras de tacones y mojitos, entre mis quehaceres y mis tejemanejes, anda revoloteando dentro de mí esa pequeña niña que ansía la libertad y las ganas de llevar sus límites al siguiente nivel.

9 de junio de 2012

Un escrito a medianoche.

Al habla desde el portátil en algún lugar recóndito de mi casa. No es usual en mí que escriba tan a menudo en esta época de mi vida, y mucho menos que escriba dos entradas en un sólo día. Pero lo necesito.

 Necesito mi dosis de vitamina E - con E de escritura- y necesito que, sea quien sea quien esté leyendo esto, se moleste en comentar o no, simplemente se sienta tranquilo. Que sepa apreciar lo que tiene, porque siempre puede tener más...pero también hay que pensar que siempre podrías tener menos.


En esta época de mi vida en la que os aseguro está siendo de un surrealista que asusta hasta el más grande de los artistas, tiendo a darme cuenta de las situaciones que están pasando a mi alrededor desde una nueva perspectiva. No sé si es mejor o peor, pero sí que es diferente. Lo que antes era blanco o negro, ahora está lleno de una variedad de grises tan grandes como el universo.
También es cierto que este año sabático no ha sido la mejor idea que he tenido. Sentimientos han ido y venido sin poder llegar a tener tiempo de controlarlos o tan siquiera reconocerlos como buenamente se pueda.



Inexorablemente siempre vuelvo al punto de partida. A ese Alfa y Omega que toma siempre distinta forma pero que en esencia sigue siendo el mismo pensamiento. El mismo sentimiento que queda grabado a fuego en mi mente- aunque en ocasiones siento que es más una cuestión de corazón que de cerebro, siendo esos sentimientos grabados a fuego los que se encuentran en este último aquí, a mi lado izquierdo del cuerpo, y no estando en la parte superior de mi ser.

Y no obstante, pese a todo este cambio abrumador que avisó de llegar para quedarse por un tiempo, aún sigo sin entender cómo algunas personas que he conocido a lo largo de estos últimos años -personas que he tenido el dudoso honor de conocer- han podido ser tan mezquinas que no dudan en ser un virus mortal que puede herir de muerte a todo el que se le acerca. Personas que son tan infelices consigo mismas, que no dudan en hacer infelices al resto sólo para poder sentirse un poco más a gusto en su piel.


Estoy en un punto de mi vida, en el que no quiero personas negativas a mi lado. Te chupan la energía, tu felicidad, tus ganas de vivir y tus ansias de amar. Quien me quiera, que lo haga con mis ideas y mis defectos. Con mis puntos de vista y mis acciones. Con lo que soy, y lo que puedo llegar a ser.

Y finalmente y ya sin más dilación, muchas gracias. A ti, seas quien seas.





8 de junio de 2012

He llegado a la conclusión de que todo se basa en el surrealismo. En el de Dalí, y en el de Almodóvar. ¡Si es que se encuentra hasta en un vaso de agua! ¿O seré sólo yo que ando mal de la cabeza? Siempre puedes optar por hacer que tu vida se parezca a una película de Hitchcock. O mejor, de Tarantino.

No tengo nada en contra de grandes obras como “Psicosis” o “Con la muerte en los talones”, pero como los guiones puestos hasta arriba de LSD de Tarantino, nada.

 Quizá si me presento a algún casting puesta hasta arriba de coca y vestida como un conejo de chistera, sea la nueva protagonista de Kill Bill Vol. III. ¿Alguien apuesta?

6 de junio de 2012

El camino, y nada más.

Todo el mundo habla de los archiconocidos versos de Antonio Machado. Ese “Caminante no hay camino/ se hace camino al andar” que ha recorrido mundos, culturas y lenguas.

 Sin embargo, sigo preguntándome por qué no es tan conocido ese “Caminante no hay camino/ sino estelas en la mar”.

4 de junio de 2012

Personalidades fuertes. Chocantes. Hirientes y orgullosas.
Luchas interiores que te hacen ser la mejor persona del mundo un día, y el peor de los demonios el siguiente.

Pues hoy, todo eso, me importa más bien poco. Hoy quiero ser una estrella del rock.




1 de junio de 2012

Can't you help me as I'm starting to burn.

No me importa. No me concierne. No me da la gana, y punto.

Y así estamos, así nos encontramos y así empezaremos y acabaremos. O simplemente empezaremos. O todo. O nada. O una unión de ambos. Porque el Alfa y el Omega llega un momento en el que se tienen que centrar. Porque todos los momentos pueden ser como la cita de Ezequiel de Pulp Fiction.

La atención, el aprecio, la fuerza y la rabia interior. La dulzura, el cariño, la sensualidad.

La imperfección de lo perfecto. La perfección de lo imperfecto. Y entre esas dos definiciones, todos.