14 de abril de 2012

Cuando sólo te queda pulmón y medio.

Llevo un buen rato pensando en cómo empezar este post. O más bien, en adjetivos que definan claramente esta entrada y mi opinión al respecto. Y realmente podría decir decenas, quizá millares de adjetivos, pero sin embargo se me viene a la cabeza uno sólo: decepcionante.


Decepción. En el más puro sentido de la palabra y sin segundas. Decepción.

No, no estoy hablando de una típica situación en la que se te rompe una uña, o te enteras de que alguien te ha criticado, o te rompes el puto pie bailando la lambada. No.
Estoy hablando de esa otra situación en la que tienes que estar aguantando al pesado ocasional de turno durante hora y media mientras te habla diciendo que se quiere comprar unas gafas de trescientos euros. O una espada láser de cuatrocientos. Que se quiere comprar el mundo entero a base de talonario. Y de un talonario muy caro, si se me permite decir. Hablo de situaciones tales como dar por casualidad con la red social de algún compañero de estudio del que no sabías nada desde hace algún tiempo, y ver cómo directa - o indirectamente- te está restregando que tiene dinero por la cara. Y que no es simplemente un ex compañero de clase. Son dos. Y tres.

Y más de tres.

Ahí es cuando ando dubitativa en si llorar, reír o escupirles en la cara con salsa barbacoa. Y se me viene de nuevo a la cabeza la palabra decepción. Seguida inexorablemente por asco. Porque sigo preguntándome por qué. Qué necesidad hay. Por qué tiene alguien que restregar el dineral que tiene o que deja de tener a los demás mientras hay personas ahí fuera donde les cuesta los dos riñones y parte del pulmón traer una barra de pan a su casa para que su familia pueda tener algo que echarse a la boca.

Si estás hecho de dinero; enhorabuena. Si te lo quieres gastar en una funda de móvil que vale más que tu casa, o gastártelo en un viaje por todo el mundo por el resto de tus días; adelante. Es tu dinero y haces con él lo que te da la gana. Pero no lo grites a los cuatro vientos, porque acabarás asqueando.


Y de repente, no tengo otra palabra en mi mente que no sea "Joder".

2 comentarios:

Sergio DS dijo...

Está claro que cuando no se cubren unas necesidades básicas el dinero es vital, algo más que moneda de cambio, pero una vez cubiertas, tener dinero no significa nada, lo material no tiene valor, y la honestidad, el respeto, u otros valores no tienen precio, mucho más de lo que muchos mierdas jamás podrán comprar a golpe de talonario.

raúl dijo...

la gente que restriega su dinero en cara ajena tiene una enorme pobreza de espíritu. en lo importante andan muy escasos.