24 de abril de 2012


Dime qué debo hacer. Dime qué es lo que soy, y lo que eres. Dime a qué apostar.
Dime que soy rubia. O por el contrario, dime que soy la morena de tus ojos. O de tu esternón.
Dime que soy tu hígado, tus riñones y la mitad de uno de tus pulmones. Dime qué palabrotas decir. O simplemente dime qué puedo soñar.


No me digas nada de eso. No vengas. No te quedes. No desaparezcas. No hagamos de esto un juego de ciencia ficción donde quién más odia es el que más gana. No nos llenemos de rencor. Simplemente desaparece, y deja que la morena sea rubia por momentos, y que la rubia convierta sus propios ojos en estrellas fugaces andantes. O en humo de tabaco.

22 de abril de 2012

Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés. Puto estrés.


Disfracémonos de mexicanos y vayámonos a Ibiza.

20 de abril de 2012

Al son de Tchaikovsky y al compás de la elegancia.



Se dice que siempre hay una primera  vez para todo. El primer beso. El primer desengaño. La primera vez que te cabreas con alguien con tanta rabia que desearías partirle la cara o, por el contrario, la primera vez que te das cuenta de que al final de todo, tanta rabia no sirve de nada.

Ayer fue una primera vez muy especial. Tan dulce, elegante y emocionante que en los últimos 5 minutos las lágrimas de emoción salían solas, acabando en una sonrisa tan inesperada como revitalizadora.

Mi primer ballet. O mejor dicho, la primera vez que veo un ballet.

Nada más y nada menos que el Ballet de Moscú. Aquí, en Las Palmas. Representando el Lago de los Cisnes. Fue un recuerdo tan grato y un espectáculo tan maravilloso; tan lleno de vida que todas las emociones que tienes guardadas salen -quieras o no- a la luz con una facilidad pasmosa. Todo lo bello del mundo, lo apasionado del ser humano en un baile.

Y todas esas preocupaciones, todos esos enfados y frustraciones realmente desaparecen al son de Tchaikovsky y al compás de la elegancia, llenos de vida pura.

Sin duda, salí de allí pensando que el mundo necesita más ballet, y menos política.

14 de abril de 2012

Cuando sólo te queda pulmón y medio.

Llevo un buen rato pensando en cómo empezar este post. O más bien, en adjetivos que definan claramente esta entrada y mi opinión al respecto. Y realmente podría decir decenas, quizá millares de adjetivos, pero sin embargo se me viene a la cabeza uno sólo: decepcionante.


Decepción. En el más puro sentido de la palabra y sin segundas. Decepción.

No, no estoy hablando de una típica situación en la que se te rompe una uña, o te enteras de que alguien te ha criticado, o te rompes el puto pie bailando la lambada. No.
Estoy hablando de esa otra situación en la que tienes que estar aguantando al pesado ocasional de turno durante hora y media mientras te habla diciendo que se quiere comprar unas gafas de trescientos euros. O una espada láser de cuatrocientos. Que se quiere comprar el mundo entero a base de talonario. Y de un talonario muy caro, si se me permite decir. Hablo de situaciones tales como dar por casualidad con la red social de algún compañero de estudio del que no sabías nada desde hace algún tiempo, y ver cómo directa - o indirectamente- te está restregando que tiene dinero por la cara. Y que no es simplemente un ex compañero de clase. Son dos. Y tres.

Y más de tres.

Ahí es cuando ando dubitativa en si llorar, reír o escupirles en la cara con salsa barbacoa. Y se me viene de nuevo a la cabeza la palabra decepción. Seguida inexorablemente por asco. Porque sigo preguntándome por qué. Qué necesidad hay. Por qué tiene alguien que restregar el dineral que tiene o que deja de tener a los demás mientras hay personas ahí fuera donde les cuesta los dos riñones y parte del pulmón traer una barra de pan a su casa para que su familia pueda tener algo que echarse a la boca.

Si estás hecho de dinero; enhorabuena. Si te lo quieres gastar en una funda de móvil que vale más que tu casa, o gastártelo en un viaje por todo el mundo por el resto de tus días; adelante. Es tu dinero y haces con él lo que te da la gana. Pero no lo grites a los cuatro vientos, porque acabarás asqueando.


Y de repente, no tengo otra palabra en mi mente que no sea "Joder".

10 de abril de 2012

Es como meterse una sandía en un agujero de la nariz.

En su tiempo, me era indiferente. Pero poco a poco, me ha ido atrayendo. Su pequeño mundo. Su manera de ser. Sus reglas, sus manías y sus libertades.

Estaré mal de la puta cabeza, pero a quién carajo le importa.

Sí, ya tengo Twitter. Y sí, moriré sin saber cómo carajo va.

7 de abril de 2012

The man who sold the world.

Llega un momento en la vida de cualquier persona, animal o cosa en la que pasa un instante y empiezas a contemplar la belleza en cualquier minucia. Y a modo de mantra, empiezas a decirte a ti misma simplemente "Hoy, sí". Sin más.



Luego oyes en algún lugar a David Bowie de lejos y te da por pensar si él sería alguna clase de intervención divina.