11 de marzo de 2012

Confesiones de una extraña, I.

Hay ciertos aspectos de mi vida que creo, o mejor dicho necesito sacarlas a la luz. No más para que todos los que leeis este blog  me conozcáis mejor o peor, sino más bien como una herramienta para poder sacar demonios internos fuera.

Sólo espero que no vuelvan.

Para empezar, sé de sobra que soy esa clase de persona que debes estar atento más a lo que calla que a lo que dice. No sé si eso estará bien o mal. Ni siquiera debería estar utilizando esos dos conceptos ahora mismo porque son tan volubles y relativos que cualquiera los puede malinterpretar. Es por eso que cada texto que escribo, ya sea párrafo, verso o tan siquiera una línea con cuatro palabras siempre llevan consigo un mensaje; un sentimiento que cuesta captarlo desde el principio. Incluso a mí en ocasiones he de admitir.

Por otro lado, estoy aterrada. Aterrada y confusa. Y no es sólo en un camino, sino más bien en todos los que estoy tomando. Tanta avalancha de sentimientos encontrados me sobrepasa, y llega un momento donde empiezas a pensar si el destino quiere que descubras su juego o por el contrario prefiere permanecer oculto hasta que por fin haya encajado todas las piezas del puzzle.

Aunque eso no cambia el hecho de que, a día de hoy, la relatividad misma esté jugando conmigo.

3 comentarios:

raúl fdz pacheco dijo...

las confesiones funcionan como ese chorrito de escape de las ollas exprés. viene bien sacar algo de presión interna, para evitar explotar de ebullición.

Sergio DS dijo...

A veces leo e intuyo, otras no vislumbro si existe parte de ficción pero al tiempo creo confirmar que no es así, que algo no va como debiera.
Que la relatividad no juegue contigo, haz tu lo propio. Fuerza, valor, y escoge lo mejor que puedas las piezas de ese rompecabezas, asumiendo que siempre queda algún hueco por rellenar.

cristal00k dijo...

Bienvenida al club, darling...