11 de enero de 2012

I'm madly in anger with you.

Nos hemos besado. Nos hemos abrazado y nos hemos peleado. Nos herimos verbalmente para luego solucionarlo todo con un Lo siento, que a nuestra manera de decir simplemente era una mirada o un gesto. Te encantaba ponerme de los nervios, verme furiosa. Y a mí gritarte como si no hubiera mañana; llamarte de todo a la cara porque en el fondo los dos sabíamos que era la única que conocía la verdad sobre ti. Que aunque tengas veintitantos años, en el fondo eres un niño asustado con miedo a tener tranquilidad emocional.

Tengo que decir que me siento decepcionada. No por el hecho de habernos tratado como lo hicimos. Ni por el desgaste emocional que se trae entre manos toda esta vaina, porque los límites pueden sorprendentemente alargarse cada vez más, ni tan siquiera por no ser capaz de decirnos algo tan sencillo como perdón con palabras... No, no me pone furiosa nada de eso.
Lo que de verdad sí me enerva la sangre es que hagas como si sólo fuéramos amigos que medio se odian. Porque te recuerdo, pedazo de imbécil, que si no he sido la única he sido de las pocas que te ha gritado tus verdades a la cara, que ha puesto a prueba tu paciencia y que estuvo dispuesta a aceptar factores de tu vida que a mis 18 años nadie sería capaz de aceptar. Así que no me toques los cojones.

4 comentarios:

El Joven llamado Cuervo dijo...

Estuviste espiando en mi casa?

deWitt dijo...

Has estado soberbia!! Sí, sí!!

Sergio dijo...

Ayer por la noche volví a ver por n vez Gilda. Hay relaciones tortuosas que acaban bien, el odio es un poderoso y curioso sentimiento.

raúl fdz pacheco dijo...

toda esa mierda emocional nos construye mejor, para el futuro, aunque sea sólo por no repetir errores, y tú, que todavía no llegas al tercer séptimo, ya vas muy por delante del que te enfurece. AVANTI!