4 de octubre de 2011

Uno. Dos. Tres. Catorce.

Hoy caminando por la calle me encontré a una anciana que estaba cantando en alto una canción cubana. Acabé cantándola. También me encontré a un dueño de sus 20 perros haciendo footing. Bueno, vale, quien dice 20 dice 30, o 10 (nunca fui buena para esto de las matemáticas). Pasé un calor propio de Agosto en un mes de Octubre, y vi a una niña que tenía más chocolate en la cara que en su chocolatina. Hablé en inglés con unos finlandeses que estaban en Las Palmas y querían ir a Mogán, y me pinté las uñas de azul añil. Por estas cosas merece la pena vivir.

3 comentarios:

raúl dijo...

pues claro, y cantar con un finlandés, fumarse el chocolate y acabar pintándole las uñas de azul a los perros. la vida merece la pena, al fin y al cabo.

coco dijo...

Yo creo que por lo único que merece la pena vivir es por verte las uñas pintadas.
(Ah! también mola que te llamen capullo. O puto. Pero como a mí no me lo dice nadie...)

cristal00k dijo...

si ya sabía yo, que eráis almas gemelas... Me alegra haber acertado.