19 de septiembre de 2011

Fire in your hands.

Cuando sientes esa atracción inicial que desprende fuego en tus manos desde un principio al ver a una persona, recorriendo el resto de tu cuerpo, sólo quieres acercarte a esa persona y desgastarla a besos. Y querer abrazar hasta que la fusión se haga una, y acariciar con la yema de los dedos produciendo un cosquilleo tan suave que llega a adormecer.

Y de un plumazo, como si de magia se tratara, liberarte de tus penas y tus preocupaciones al compás del bombeo de la sangre que recorre tus venas. Esa sangre que ya no es sangre, sino fuego en puro estado de éxtasis. Mil y un latidos, mil y dos emociones y mil y tres acciones que quieres hacer, todo en un segundo.

Porque de eso precisamente se trata. De ser pura pasión, puro sentimiento saliendo a la superficie sin banalidades ni edulcorantes artificiales.



Segundo que se convertirá en toda una noche.

1 comentario:

Sergio dijo...

En los actos apasionados es donde reside la verdadera belleza, la sinceridad, el corazón sin trampa ni cartón.