3 de marzo de 2011

El extraño levitar de una paranoide II.


Esto es tan cierto como que todos somos Jeckyll y Hyde. Obviamente, algunos más que otros, pero al fin y al cabo todos y cada uno.
Y ahí está, la eterna lucha interior del Bien y el Mal que cada uno libramos – o no- a nuestra manera. Inevitablemente, siempre estará ahí. Con ello no quiero decir que sea una cosa negativa o positiva, sino que simplemente me parece un tanto absurdo que intentemos que gane una parte en concreto, que nuestro Jeckyll tenga una primacía absoluta con Hyde o por el contrario sea este último quien pisotee en nuestras narices a Jeckyll. Me parece completamente de tontos el que podamos pensar eso; porque básicamente no se puede. Siempre tendremos esas dos partes confrontadas y a la vez unidas por un nexo claro y conciso. Que en ocasiones gane una parte frente a otra se puede considerar un caso puntual a la vez que daño colateral de nuestras decisiones en la vida.

No obstante, ¿Qué pasa cuando lo que parece que tiene que estar nivelado, no lo está realmente? Cuando las dos partes te bombardean a pensamientos dignos de un enfrentamiento como el de la II Guerra Mundial. Es fácil de descifrarlo, porque lo único que te pasa es que te vuelven loca. Te estresan. Te frustran.

Simple y llanamente.

Y finalmente, cuando lo hacen, sólo te queda rezar para que pare. Porque cuando Hyde quiere salir, no para hasta hacerlo. Da igual modo, manera, causa y consecuencia. Pero cuando Jeckyll anhela también lo mismo...puede ser igual o peor que Hyde. Por ello llegan, te hablan, te acosan, le dan mil y un vueltas a una situación absurda y buscan el momento en el que bajas la guardia para salir. Y te acosan. Y te muerden. Y te asfixian moralmente.


Y ya es cuestión tuya personal de volver a buscar una nivelación para ellos dos. Porque la hay, por mis narices que la hay y que se encuentra.

1 comentario:

Curiyú dijo...

Hay que luchar mientras estemos a tiempo y no nos descuarticen.