9 de marzo de 2011

Bésame como sólo los de tu calaña lo hacen.


Digamos que el orgullo a veces puede. Que todos los consejos que te dan, de poco sirven. Y no porque seas una desagradecida que le entran las palabras por un oído y le salen por el otro. En cuanto a eso, pocas veces se da el caso en ciertas personas.


Puede, porque a veces no te queda más motivo que dejarlo salir. Quizá por amor propio, quizá porque a falta de otra reacción, esa siempre estará ahí. Pero eso ya da igual ahora. Es eso o mandarlo todo a la mierda y dejar de una vez todas esas fantochadas y sentir, sentirlo todo, lo bueno y lo malo, como si de un abanico de sentimientos a tu gusto se tratara; sólo que con el pequeño incoveniente de que ni de coña esos sentimientos están al gusto del consumidor. Porque algunas decisiones que tomas en la vida, te pesarán en el alma durante todo lo que te quede de ella. Aunque las hayas tomado con la mentalidad de que no trascenderían más allá de ese día, esa semana o ese mes.

Porque el orgullo, a veces, puede. Y no te das cuenta de ello.




Rómpete el alma e invítame a un trago.

8 de marzo de 2011



No por aparentar ser valiente, se es. No por joderle la vida a alguien te vas a sentir mejor.
Y no por desaparecer en cuerpo te voy a abandonar en alma.



Y pensamiento.


Porque está pasando algo que temía desde hace tiempo. Porque no quiero que pase, pero algo me dice que por mucho que quiera, sucederá sí o sí. Porque me gusta ser una masoquista emocional.

7 de marzo de 2011

Reflexión aleatoria de un día (no tan) espantoso, volumen III.


Y volvamos a hablar del malo de la película. De esa mala pécora que debe, tarde o temprano, aprender la lección.


Todos opinamos lo mismo; que una mala acción no debe quedar impune. Lo que nadie se ha parado a pensar, es el por qué esa persona es, a ojos ajenos, el malo. Porque quizá alguien decidió descuartizar a toda su familia y torturarle hasta borrarle las huellas dactilares y a partir de ahí se han dado esas circunstancias. O puede que sufriera una infancia traumática. O yo que sé, puede que Elmo decidiera aparecer en sus pesadillas y enviarle mensajes subliminales junto con Ronald Mcdonald.


Lo que digo, es que antes de juzgar, conozcamos las circunstancias que se han dado. Y si eres un santo, ¿entonces por qué cojones estás juzgando a alguien?


CARPE DIEM

6 de marzo de 2011

Reflexión aleatoria de un día (no tan) espantoso, II.


Siempre nos enseñaron que el agua y el aceite no se llevan bien. Que el malo de la película nunca puede ganar.

Sin embargo, hay ocasiones en las que lo metafísico se une y tanto el agua como el aceite, por causalidades de la vida, por fin, congenian.


Del malo de la película ya hablaremos otro día.

3 de marzo de 2011

El extraño levitar de una paranoide II.


Esto es tan cierto como que todos somos Jeckyll y Hyde. Obviamente, algunos más que otros, pero al fin y al cabo todos y cada uno.
Y ahí está, la eterna lucha interior del Bien y el Mal que cada uno libramos – o no- a nuestra manera. Inevitablemente, siempre estará ahí. Con ello no quiero decir que sea una cosa negativa o positiva, sino que simplemente me parece un tanto absurdo que intentemos que gane una parte en concreto, que nuestro Jeckyll tenga una primacía absoluta con Hyde o por el contrario sea este último quien pisotee en nuestras narices a Jeckyll. Me parece completamente de tontos el que podamos pensar eso; porque básicamente no se puede. Siempre tendremos esas dos partes confrontadas y a la vez unidas por un nexo claro y conciso. Que en ocasiones gane una parte frente a otra se puede considerar un caso puntual a la vez que daño colateral de nuestras decisiones en la vida.

No obstante, ¿Qué pasa cuando lo que parece que tiene que estar nivelado, no lo está realmente? Cuando las dos partes te bombardean a pensamientos dignos de un enfrentamiento como el de la II Guerra Mundial. Es fácil de descifrarlo, porque lo único que te pasa es que te vuelven loca. Te estresan. Te frustran.

Simple y llanamente.

Y finalmente, cuando lo hacen, sólo te queda rezar para que pare. Porque cuando Hyde quiere salir, no para hasta hacerlo. Da igual modo, manera, causa y consecuencia. Pero cuando Jeckyll anhela también lo mismo...puede ser igual o peor que Hyde. Por ello llegan, te hablan, te acosan, le dan mil y un vueltas a una situación absurda y buscan el momento en el que bajas la guardia para salir. Y te acosan. Y te muerden. Y te asfixian moralmente.


Y ya es cuestión tuya personal de volver a buscar una nivelación para ellos dos. Porque la hay, por mis narices que la hay y que se encuentra.

2 de marzo de 2011

Reflexión aleatoria de un día espantoso, volumen I.




Como vayas por la autopista a 250 km/h., con un coche que no pasa la ITV desde hace siglos y borracho como una cuba, cascas seguro. Lo mismo te puede pasar con las situaciones; si las fuerzas demasiado te salpican en la cara como si de un bote de ketchup se tratara.
Ponte el puto cinturón de seguridad ya y reduce la velocidad; anda.