3 de enero de 2011

What's the problem, John?


Solemos decir que las palabras se las lleva el viento. Que lo verdaderamente importante son los hechos. Los aquí y ahora.
Sin embargo, hay ocasiones donde los actos valen lo mismo que las palabras: nada. Y llegados a este punto, un hipócrita puede ser más sincero que un honesto. Lo único diferente entre ellos dos puede ser la insignificante capacidad de auto engañarse. Y no estoy hablando precisamente del que, a simple vista, hace más daño a la sociedad. Aunque ese auto engaño sea bueno sólo en ocasiones para el alma. O para limpiar tu conciencia un poco. Total, ya no se aprecia gran diferencia entre esos dos conceptos. Una verdadera lástima.

Hazte una pregunta. Una maldita pregunta solamente y contéstatela, si es que puedes. ¿Sabes quién eres? ¿Sabes REALMENTE quién se supone que eres? Si lo sabes; enhorabuena, estás equivocado. Si no lo sabes, es hora de que lo vayas averiguando.

Hazte valer por lo que eres; no por desacreditar a los demás.

5 comentarios:

Mr. Rific dijo...

Por supuesto que no sé quien soy... y espero que nadie jamás lo sepa realmente, sería espeluznante

Curiyú dijo...

nO SÉ QUIEN SOY. qUÉ SERÁ DE MÍ DESPUÉS?

Ene dijo...

Quizá la personalidad sea el remedio a muchos males.

Rosa dijo...

Autoengañarse nunca, nunca, nunca es bueno. Uno puede ser hipócrita con los demás para eso que tú dices, para limpiar la conciencia, pero si lo es consigo mismo, malo, malo.

Besos!!

Gaearon dijo...

Le preguntaré al del espejo a ver si sabe decirme quién soy.

Besos mil