13 de enero de 2011

QuierobroncaQuierobroncaQuierobroncaQuierobroncaQuierobroncaQuiero...


Llevo semanas queriendo bronca. Queriendo sacar mi vena borde y gritar, insultar (a mi manera, véase irónica) y de quedarme más a gusto que un arbusto.


Que sí, que vale, ahora es cuando todos ustedes me llamáis loca, me decís que necesito un psiquiatra y que la gente lo que desea es sexo, no bronca. Y ojo, ¿quién carajo se creen que soy? Siempre he dicho que tengo algo de ninfómana y lo reconozco, claro que quiero sexo. Pero para mí, el odio tiene algo tan parecido a la lujuria que hay veces que apenas logro diferenciarlas. Y es una verdadera pena que se subestime de esa manera. El odio, o la ira como es en este caso, te hace hervir la sangre lo justo para sentir que estás viva, te hace despertar pasiones que puede ser hayas olvidado que tenías, te mantiene activa y alerta. Gritas, gimes, te desahogas y acabas como nueva. Creo que es la manera perfecta de tener un orgasmo sin tener que follar- de ahí su naturaleza perfectamente imperfecta.



Pues eso, que quise, quiero y querré bronca. ¿Dónde coño están los malos rollos cuando se les necesitan?



Joder.

3 comentarios:

Curiyú dijo...

De vez en cuando la fusión entre sexo y bronca te trae un orgasmo inolvidable. Anoche fue así, te lo aseguro. Después de fumarme 200 cigarrillos y putear contra el mundo, vino eso. Y quedé en paz!

Mr. Rific dijo...

¿Sexo odioso? ¿Odio sexual? Be my guest...

Adolfo Morales. dijo...

Eso se cura con un buen polvo de cara a la pared. Felicidades y buen final. Soy nuevo, llegué por casualidad. Buena música. Algunas cosas en común. Solo algunas. Visítame.