7 de diciembre de 2010


Verás, el hecho de estar muerta de miedo es algo natural, algo innato en nosotros mismos en algunas ocasiones. Cuando tu vida está en peligro, sin ir más lejos. Sin embargo, no entiendo por qué dada esta situación, una persona puede llegar a ese estado. Llámalo paranoia, destino, karma, sexto sentido o lo que quieras. Pero tienes que estar de acuerdo en que ni esto es normal, ni ha sucedido por casualidad. Y puro escalofrío es en lo que una se convierte, sin comerlo ni beberlo. Porque a veces, es lo único que se anhela y lo que pocas veces se obtiene.

Y es por ello, por lo que ese escalofrío te convierte en ocasiones en piedra. Sólo si se mantiene eternamente. Y a veces, la piedra, se convierte en niebla. Pura metafísica imposible de analizar. Esa metafísica tan jodidamente adorable. E insoportable. Todo y nada cambia a la vez. Todo se consume, todo va siendo cada vez más y más ínfimo...incluida tú. ¿Y luego? A joderse. Porque lo más curioso de todo es que por mucho que hagas o dejes de hacer, sigues siendo escalofrío. O piedra.



O niebla.

2 comentarios:

Curiyú dijo...

Escalofrío o piedra...supongo que son extremos...

cristal00k dijo...

A tí, no te pone en ínfimo, ni el lucero del alba, darling. Buah!
Tú puedes ser escalofrío, piedra y lo que te dé la gana. Así que hala! palante con los faroles.

P.D.: Eso sí, mira por donde pisas... jeje!