31 de octubre de 2010

Halloween.


Noche de magia y misterio donde las putas se disfrazan de brujas, las brujas de putas y los cínicos empedernidos se quitan las máscaras en vez de ponérselas. Un aplauso porque hoy es su día.

En lo que a mí respecta, saldré a vestirme de puta, bruja y me quitaré la máscara. ¿Y tú?


Feliz Halloween, buenas noches y mala leche.

25 de octubre de 2010

And love is not a victory march.

Hoy no es un día normal.

No, no lo es.


Las nubes son rojas, el sol parece verde y la tierra es de color amarillo. Porque hoy, precisamente hoy, a esta hora de este día de este mes de este año, me siento desubicada. Rara, perdida. Porque ya no sé si todo lo que he hecho hasta ahora en mi vida servirá para algo, si seguiré haciendo lo que considero yo correcto o por el contrario tiraré la mía vida por la borda. Ya no estoy segura de nada, ni tan siquiera de que , efectivamente, me llame Kimberly y no Patricia. Hoy, precisamente hoy, a esta hora y en este mismo lugar, no estoy segura de ser guapa. Ni de tener amigos de verdad. Porque quién me dice a mí que ese texto de la página 67 de ese libro que te estás leyendo en estos momentos es un texto y no una puta caricatura. Quién me dice a mí que soy inteligente, y no una cateta que sólo sabe hablar bien. O el por qué demonios intento hacer las cosas bien, a mi modo pero bien, y siempre salgo cagada. Estoy muerta de miedo, porque nunca había tenido tantas dudas acerca del todo y la nada.
Aunque bien es cierto eso de que nunca digas nunca.

Por qué, por qué y por qué. Demasiadas preguntas retóricas con múltiples preguntas irónicas.

La cuestión aquí, es saber si en este instante, en este mismo lugar, a estas horas, estoy segura de algo.

17 de octubre de 2010

Que alguien me lo diga.

A veces me pregunto dónde queda lo visceral y momentáneo. ¿Será que nos estamos volviendo unos gilipollas sensibleros con el paso del tiempo? Espero que no. Sí, lo romántico, lo futurista, los hijos la hipoteca y los perros están muy bien, pero no por ahora.

Dónde quedan las caricias furtivas. Dónde queda ese vómito de palabras que no puedes evitar echar en medio de una discusión. Dónde queda ese joder. Ese solo de guitarra que te enamora, o esa hostia que das sin pensar a alguien en una pelea porque te lo pide el cuerpo.


Dónde queda ese puto polvo salvaje y desgarrador.


15 de octubre de 2010

Primer capítulo: estoy bien.


Noches de uñas clavadas. De blues nostálgico. Del ser y del no-ser.

Días de caladas de cigarros a medio fumar. De arrepentimiento e ira. Frustraciones por el gallo que ya no canta.

Octubre. 1978.


Tardes de autoconvencimiento. Estoy bien.

10 de octubre de 2010

Y un blues a tu salud.


Qué más dará que dos personas no sean la una para la otra. No tiene importancia el saber que dentro de unos meses, después de experimentar tu propio Nueve semanas y media quizá, alguno de los dos se vaya. Y puede que eso no suceda nunca tampoco; todo depende del tiempo y del comportamiento. Todo, absolutamente todo se puede arreglar con una botella de whiskey al lado y amantes esporádicos que conozcan el color de tus sábanas. Porque todo, está unido. Y todo, a su vez, se desune. Paradójico, irónico, estúpido. Anhelar todas las respuestas y a la vez ninguna. El poder tenerlo todo enfrente de tus narices y ansiar las napias de otro. Por ello transcurren días y días y todos, como si nada, en una vorágine de sexo, alcohol, gilipolleces y masoquismo. Sobre todo masoquismo. ¿Sabes que eres mi puta tormenta preferida?


Querer amarte
Follarte,disfrutarte,
Hartarte, encabronarte, joderte.

3 de octubre de 2010

I done ran into my baby, and finally found my old blue jean.


Sábado noche. Las luces de la calle se confunden con el ruido de la música que corre por su mente. Está excitada, ansiosa y con una copa de más. Tiene ganas de estallar a gemidos, de sentir las caricias, los besos, las embestidas de otra persona dentro de sí misma hasta que no pudiera más.

Y en un acto reflejo, su mano fue bajando despacio hasta su entrepierna, haciéndola estremecer hasta límites donde ningún hombre había podido. Los gemidos iban en aumento paulatinamente hasta que, al fin, pudo conseguir el clímax que tanto ansiaba desde hacía tanto tiempo. Sin besos, sin embestidas, pero con unas caricias que sólo ella misma sabe...

Alguien llama a la puerta. No espera a nadie, pero sea quien sea es su día de suerte...porque lo único que conocerá esa noche será la cama. Y quién sabe, probablemente la ducha y la encimera de su cocina, también.



Porque es lo que tiene el blues, que nos pone demasiado...